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SIERRA DE SEGURA (JAÉN): LAS HUELGAS (Por Peña Amusgo y Las Espumaredas). RUTA DE BERNARDO

PEÑA AMUSGO (PEÑAMUJO), LAS HUELGAS, LAS ESPUMAREDAS Y BERNARDO


Transita nuestro discurrir en esta ocasión por la profunda sierra de Segura, aquella que en otra época bullía de gente y ahora remansa calma y paz, perturbada ocasionalmente por la fauna autóctona y por los aventurados que se adentran en su territorio para admirar este patrimonio natural y los vestigios de otros tiempos.

Las Huelgas y Las Espumaredas o “Espumareas”, forman parte de ese rosario de aldeas y cortijadas perdidas en lugares que ahora nos parecen idílicos paraísos pero que entonces el día a día deparaba unas duras condiciones de vida.

Esto bien lo sabía Bernardo. Un anónimo habitante de las Huelgas que se ha convertido involuntariamente, por lo que pude comprobar, en protagonista y guía de estos inquietos aventureros que cada semana soñamos con alguna senda perdida o algún recondito lugar que contemplar.

Antes de llegar a nuestro destino principal visitaremos un lugar emblemático en esta sierra: Peña Amusgo o Peñamujo





singular resalte pétreo visible desde buena parte de estos rincones. A pesar de su magnitud, su cima es fácilmente accesible lo que supone un otero privilegiado que se asoma al valle del Guadalquivir.





Desde aquí tendremos delante la seductora sierra de las Lagunillas y su orgulloso Almagreros devastada por el gran incendio que sufrió años atrás.





Detrás se adivina la grupa de esa atractiva montaña, el Caballo del Torraso.





A la derecha, al fondo el imponente Yelmo nos saluda desde su cara menos amigable.





Abajo, en el valle, Cortijos Nuevos, los olivares y Hornos de Segura delatado por el torreón de su castillo.





Allí donde las Lagunillas se dejan caer, el muro del embalse atenaza y remansa las aguas del Guadalquivir estrechamente vigilado por la Risca del Quijaron.





Por la izquierda, la cuerda llega hasta la inconfundible Peña Corva. Abajo, en las aguas la solitaria Cabeza de la Viña amparando los restos de Bujareiza.





Al sur, las Banderillas, emergentes, como si quisieran reflotarse desde las profundidades de la sierra.






Las Huelgas, nuestro destino principal es uno de esos lugares que uno quisiera para si.




Guarecido, recoleto pero con una gran balconada desde la que divisar panorámicamente el valle del embalse. Desde allí, desde ese mirador de la cerrada de Parrate puede otearse un amplio horizonte escuchando el chillar de las aguas al precipitarse velozmente buscando el gran río, admirar el cansino planear del buitre leonado y percibir la esencia del romero traída en rociadas intermitentes por la corriente de aire que la estrechez genera.




Para si la querían Bernardo y los que aquí vivieron y con tanto dolor tuvieron que dejarla. ¿Qué daño hacían? ¿A quién estorbaban? Las casas, semiderrumbadas aún guardan su dignidad, mostrando el porte reflejo de lo que fueron en su día. Las huelgas, en un barbecho impuesto, cuidan un tesoro que delata aún la humanización del terreno: sus impresionantes choperas. ¡Que bonito debe venir por aquí el otoño!




El lugar, como no, rebosante de vida porque destila agua por doquier. El entorno guarda rincones y covachas de singular belleza. Nos sentamos a comer junto al arroyo, en la puerta de la casa, a la sombra.





La retirada la hacemos por la preciosa cerrada por la que el arroyo de las “espumareas” se abre paso, varias veces tenemos que cruzarlo, ahora fácilmente, porque el caudal de agua lo permite en este tiempo. A la salida nos espera la cortijada de las Espumaredas de Abajo, cortijada donde la pista proveniente de Pontones toca fin dando paso a las sendas de entonces, de siempre. La interminable cuesta transita también por otro lugar merecedor de mayor admiración que la que le prestamos ahora, el calor y el cansancio hacen mella e impiden que nos detengamos lo que quisiéramos. Por fin, Majalacaña, la amplia era que nos devuelve a nuestro punto de partida.



LA RUTA

La hora de partida eran las 8’00 de la mañana, en Pontones. Para ello arrancamos a las 6’00 desde nuestro origen en pleno bullangueo festivo, cruzándonos con los que se retiraban antes de que la luz delatara en sus caras los efectos del trasnoche. El viaje se me hizo corto, la compañía me aseguraba un gran día. Escuchando, percibí la misma sensación que en mis soledades sentía, afición y gusto por darte un madrugón y después una paliza de casi 20 kilómetros ¡para ver el campo!. Oigo en estas palabras los reproches de un amigo que nunca entenderá esta manera de disfrutar de las cosas más insignificantes, o más grandes, según se vea. A marcha lenta pero amena escuchaba como mis anfitriones comentaban las “batallitas” y los pormenores de otras aventuras. Dialogando, cual “torbellino de ideas”, salvamos los males de la sierra varias veces, lo que hizo que las interminables vueltas del camino se mitigaran y pasaran casi desapercibidas. La luz nos comenzó a avisar de que el día estaba listo allá por Hornos. Enseguida Hornos el Viejo y la cuesta de la Ballestera que nos lleva en un periquete a las cumbres. Cuando llegamos a la tinada junto a la carretera, lugar y punto de encuentro, pasado un kilómetro del cruce de las Casas de Carrasco, éramos los primeros. Al bajar del coche el sol aún no asomaba y un ligero biruje matutino nos hizo resollar. Rápidamente el mastín de la tinada cumplió con su papel alertando de nuestra presencia a lo que la curiosidad del pavo le hizo pasar por algún agujero de la valla y darnos un educado recibimiento en nombre del resto de la fauna local.




En esto comenzó a gotear el personal hasta que poco después llegó en comitiva, el grueso del pelotón: la gente de Beas, ese gran Club de senderismo El Camino que desplaza vehementemente un pandillón de entusiasmo envidiable. Saludos de rigor y en marcha. Nos acercamos con los coches hasta donde cruza el GR- 144. De allí partimos escoltados por un numeroso rebaño de r-i-c-a-o-v-e-j-a-s-e-g-u-r-e-ñ-a a la que habían dado suelta para que se buscara el sustento.








Caminamos como un kilómetro por la era de Majalacaña hasta llegar a un cartelón de la administración de esos que casi nunca se sabe que quieren anunciar. De aquí, abandonamos la pista por la que después regresaremos y ascendemos dirección W, buscando el borde del pinar bajo las atentas indicaciones de Sansón. Curiosamente el camino está marcado con pintura verde en los troncos de los pinos. Pronto desembocamos en una vieja pero aún bien reconocible senda que procede del Artuñedo al que divisamos al N. A tres kilómetros del inicio ya podemos comenzar a deleitarnos con las vistas del barranco de el Lobo y las Banderillas al fondo.





Nos encontramos en la base del cerro del Tolaillo (1.610 mts) al que rodearemos por su cara norte primero para asombrarnos a cinco kilómetros del inicio con nuestro primer punto de interés: Peña Amusgo como dicen los mapas o “Peñamujo” como la llaman los serranos.





Ya por aquí comienzo oír a hablar de Bernardo y del diferente trazado que condujo hasta este lugar en otra ocasión. Disfrutamos subiendo fácilmente a este bastión pétreo contemplando las maravillosas vistas que desde aquí se dominan.











Como no, los que habían desayunado poco ya necesitaban en este punto reponer fuerzas y, los que lo habíamos hecho, la emoción del lugar se encargó de abrirnos el apetito, así que por consenso el lugar merecía un piscolabis y foto de grupo (ahora que aún andábamos frescos).

Reiniciamos la marcha con energía a tope y cuesta abajo.




A nuestra derecha no cesa de pasar como una de aquellas películas en cinemascope la amplia panorámica del embalse de El Tranco y la sierra de las Villas.





Poco a poco nos introducimos rodeando ahora el Tolaillo por el sur, en un bosque donde destacan algunos laricios de porte majestuoso. Se nota que la senda la hicieron muy bien, por manos expertas y calculadores.





A ocho kilómetros del inicio un nuevo mirador nos invita a contemplar la constante panorámica que nos acompaña y que abandonaremos transitoriamente al introducirnos en la hoya que nos llevará a nuestro segundo destino.





Aquí sucede la anécdota del día, unos matorrales querían privar a Pepe Cabrera de guardar en su cámara los secretos de estos preciosos lugares. Afortunadamente, tras una batida organizada encontramos la planta culpable y la cámara extraviada con plena satisfacción del personal, especialmente del propietario. A la planta de la indultó por consenso y buen criterio ecológico. Un rápido descenso con la senda algo desdibujada nos conduce fácilmente a un lugar de ensueño: Las Huelgas




lugar donde nació y se crío Bernardo, viéndolo en algunas fotografías ejerce de una simbiosis total con el terreno. Puedes imaginártelo, tal y como me contaron, correteando como un cervato por cada rincón de este impresionante paraje. Por ello, he propuesto, aún sin haberlo conocido desdichadamente, que esta preciosa ruta que virtualmente se asocia con esta bella persona, sea conocida y difundida como la RUTA DE BERNARDO es lo menos que podemos dedicarle ahora que no podrá disfrutar correteando como en su infancia esta huelgas. In memorian.

(Quién esté interesado en conocerlo, puede visitar el siguiente enlace de Turismoencazorla.com donde aparece en un reportaje de hace algún tiempo en esta misma ruta. Haz clik AQUÍ)

Continuando nuestra ruta, al menos tres arroyos pude distinguir que confluyen en este lugar.
El de las "Espumareas" que tomaremos para nuestro regreso, el de los Centenares que recorre el barranco del lobo y otro que entra por la izquierda camino de la cerrada de Parrate y que no puedo datar. Esta gran riqueza fluvial, da vida a este paraje y me recordó por momentos otro lugar entrañable de estas sierras: la cueva del Peinero, allá por la encantadora sierra de las Villas.






Tras cruzar delante de la casa forestal que en sus tiempos debió ser un caserón vadeamos el ya arroyo de las Huelgas dispuesto a precipitarse por esa bonita cerrada que nos disponemos a visitar.




Podemos llegar hasta el extremo elevado desde donde se vuelve a abrir ampliamente el balcón del embalse del Tranco y la sierra de las Villas.






Regresamos nuevamente a las Huelgas atravesando la altiva chopera ya con sensaciones gástricas que determinan la conveniencia de reposar bajo la arboleda de ribera que nos cobija y reponer detenidamente las fuerzas que nos harán falta para salvar nuestro siguiente escollo: la cerrá de las “espumareas”.





Desde este lugar podríamos continuar para buscar Los Miravetes y Los Centenares que con el terreno que pisamos formarían una especie de “distrito único”, el de las aldeas perdidas. Tomaremos, no obstante, el regreso por una bonita cerrada donde la pericia de los que conocen el zigzagueo que hay que salvar hace que la crucemos sin pérdida.





Caminamos junto al arroyo de las “espumareas” donde caprichosas formaciones petreas se asoman vigilantes del camino que llevamos. Primero por la izquierda, después por la derecha vamos remontando poco a poco con la sabia dirección de Sansón y la atenta vigilancia de Paco y Pepe para que nadie se descuelgue, un detalle por su parte, si señor.






Casi sin darnos cuenta oteamos de nuevo choperas. Las choperas en la sierra, visibles desde la distancia, delatan humanización próxima. Estamos en la cortijada de Las “Espumareas” de abajo, otro precioso lugar que no se presta al detenimiento y deleite, no porque no lo merezca, sino por el calor asfixiante que comienza a hacer. Comenzamos aquí nuestro particular “penaero” para ascender por esta pista interminable y sofocante, rozando Las “Espumareas” de arriba





para, finalmente volcar a la Majalacañá desde donde siete horas antes, con más entusiasmo que a la llegada, partimos para completar esta fascinante ruta.





EL VIDEO





DATOS TÉCNICOS

DenominaciónSIERRA DE SEGURA (JAÉN): LAS HUELGAS (Por Peña Amusgo y Las Espumaredas)
Fecha10.09.2011
Localización
La ruta parte junto a Pontón Alto para visitar una espectacular formación geológica conocida en la sierra por Peñamujo. A continuación desciende por una antigua senda hasta las Huelgas, donde podmos adentrarnos por la cerrada de Parrate hasta el un bonito mirados al embalse del Tranco y la sierra de las Lagunillas. El regreso se hace por la no fácil cerrada de las Espumadres para salir a las Espumaderas de abajo donde conectamos con la pista que nos devolverá al punto de inicio tras rozar las Espumaderas de arriba.
Acceso
Desde Hornos de Segura, ascendemos a las cumbres en dirección a Pontones. Antes de llegar a Pontón Alto existe una tinada a la derecha de la carretera aproximadamente a 1 kmt tras pasar el cruce de Las Casas de Carrasco. Aquí nos desviaremos por el carril aproximadamente 500 mts para dejar el vehiculo en un anchurón junto a las señales del GR-144.
InicioPista de Las Espumaderas, junto a las balizas del GR-144.
FinEl mismo que el inicio.
Tipo de trayectoCircular
Tipo de firmePista / Senda/ Sin camino definido por las cerradas.
EstaciónPrimavera/Otoño/Invierno / Verano
Distancia18,490 kmts
DificultadModerada
Tiempo estimado7 horas 30 minutos
Cota mínima1.143 metros
Cota máxima1.553 metros
Sugerencias
Crema solar en verano. Estirar y calentar antes de iniciar la ascensión. Calzado adecuado. Llevar agua abundante, no hay fuentes.
TracksWIKILOC
MovilCobertura Movistar en el mirador de la cerrada de Parrate e inconsistente en Peña Amusgo. En el resto no hay cobertura.
Mapa
BibliografíaRuta guiada por Sansón y otros compañeros conocedores de la zona.