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SIERRA DE SEGURA (Jaén): MILLER – UMBRÍA DE LOS ANGUIJONES – PUNTAL DE LA PILILLA (PR-A 100)


MILLER, LOS PUNTALES, LOS BARRANCOS Y LOS ANGUIJONES 
(¡AH¡ Y LA HISTORIA DE LA DOBLE RUTA)




La descripción más breve, síntesis de la excursión que nos ocupa es “VEREDA DE VERTIGO SOBRE EL RÍO SEGURA”. Así titula acertadamente Juan Carlos García Gallego   esta impresionante ruta en sus "Excursiones en Cazorla y Segura".

Debe ser para los ruteros conocedores de la Sierra de Segura, de las consideradas imprescindibles ya que en tres de las más ilustrativas obras que se dedican a estos menesteres, viene descrita pormenorizadamente, tanto en el mencionado anteriormente, como en el ameno escrito por Justo Robles y en la magnifica obra de Enrique A. Martín de la editorial La Serranía.


Tal vez por esto, tenía esta ruta en la carpeta de “rutas pendientes”. Estuve a punto de realizarla hace un par de años cuando estuvimos por Semana Santa con la familia por la zona, alojados en la presa de la Vieja de donde guardo gratos recuerdos, contemplando el Morrión con el que me amanecía cada día y las tranquilas aguas de esta agradable pantaneta.





Optamos en aquella ocasión por la ruta que circula por abajo, cerca del río y que se dirige a esas grutas excepcionales que no hay que dejar de visitar: las cuevas de los Anguijones.





Me faltaba la perspectiva aérea, la que te hace sentir un buitre más de los que anidan en esos covachones. Los amigos del Club de Senderismo El Camino de Beas de Segura  y los asimilados de turno, me dieron la oportunidad de, además de pasar un día fenomenal disfrutando de su compañía, poder cambiar de carpeta la ruta.

En otra ocasión me referí a las aldeas perdidas. En este caso también podemos aludir a los mismos términos. Con la importante diferencia de que, en este caso, afortunadamente, ¡TIENEN VIDA¡. Se trata de un grupo de aldeas que acompañan a los ríos Zumeta y Segura en su discurrir por el extremo NE de la provincia de Jaén, justo antes de que este último se hermane con el Zumeta y abandone nuestra provincia para hacerse serrano-manchego. Miller, la que nos ocupa, la Muela, Marchena y Marchenilla, las Gorgollitas, Vites, la Toba, Huelgas de Utrera, El Parralejo, los Anchos..., y tantas cortijadas y ventas que salpican los valles y laderas de los calares, el Carrascal, Arrancapechos, las Higuericas, los Galdones, Tornajica, Peguera del Madroño,..., Venta Rampias, Venta de Ticiano, Venta de Benito, ... Aún muchas chimeneas humean llegado el otoño y hasta la primavera siguiente, indicando que en su interior alguien necesita caldearse, en definitiva, que aún hay vida. Y se notó la vida también en nuestro periplo por la bonita aldea de Miller, escalonada en la ladera NE del cerro Miller, donde al menos pudimos apreciar obra en dos viviendas.


Miller tiene además otra vida: el agua, numerosos manantiales conectados por acequias dan vida a los huertos que escalonadamente salpican la ladera.





Según cuenta Justo Robles en su libro, Miller proviene del latín “miliarium” o milla romana (1.480 mts) (curiosamente, Miller es también un término ingles que significa molinero y en este lugar, a tenor del agua existente, seguramente se contó más de un molino).
El torreón aún visible del denominado Castillo, parece ser de origen árabe, aunque en la actualidad se encuentra bastante abandonado.








Los Anguijones, parece ser la manera serrana de denominar a los aguijones, que es lo que seguramente les parecieron a los que instalaron el topónimo los numerosos picachos agudos que coronan la ladera y puntales que vamos a recorrer.






Los puntales que transitaremos son una joya de la naturaleza. Se trata de una sucesión de salientes al abismo, una balconada desde donde atisbar el valle que se abre debajo nuestro, allí donde el Segura encuentra una “anchurica” suficiente para ser retenido por la presa.





Los impresionantes barrancos suceden a los puntales, se intercalan en entrantes y salientes permitiéndonos pasar de la umbría más profunda a la agradable solana. Ninguna de las fotografías que he podido ver tras la excursión reflejan por aproximación la realidad de lo contemplado, y las hay muy buenas. En varias ocasiones en estos últimos años he tenido la oportunidad de recorrer virtualmente la ruta, nada tiene que ver con el embobamiento que produce en realidad.


Claro que, con tanta gente, no atendí bien a las explicaciones de Quico, y yo solito me metí en la “boca del lobo”, rojo y Cia. para más señas. Se planteó paralelamente una variante más exigente comandada por Seba (magnificamente, por cierto), que recorrería el calar de la Pililla entrando desde el puerto de Marchena, ascendiendo directamente desde aquí a la cumbre del Majalón y bajando a través del puntal de la Pililla a los tornajos, donde quedaríamos con la otra ruta que seguiría el trazado del PR-A 100. Partimos en un principio y para tal fin un numeroso grupo, pasamos por el molino de Miller lamiéndole el poco blanqueo que le queda, los primeros derrapaban en subida por el sendero anegado, se notaba que habían puesto los neumáticos adecuados. Nunca pensé que llegaría tan rápido al Collado. Antes, por los Atocheros, creí que los había perdido en los recovecos de las casas. Más tarde me comentaron que habían hecho fotos, increiblemente he comprobado que no les habían salido “movidas”. Tan rápido íbamos que se me pasó en el afán, el Cenajo de las Goteras, cuando eché cuentas ya estábamos en el barranco del Pilón, entonces fue cuando me di percaté que me había “enganchado” a unas makinas extradiessel. Aún tuve tiempo de reaccionar y en el puntal de los Canteros me quedé contemplando `lácidamente el paisaje de abajo viendo como circundaban el barranco del arroyo del Cabrero camino de la Toba unos, y como se aproximaban a mi posición el resto del grupo. Creo que finalmente ganamos todos.







LA RUTA





El punto de encuentro y partida lo fijamos en las Escuelas de Miller, a la vez Centro de Salud con un bonito mural y una fuentecica en la puerta.






Ascendemos unos cien metros y nos topamos con el molino donde hay varias indicaciones de PR, dejamos el asfalto para introducirnos en un senderillo con el agua como protagonista que nos elevará atravesando los Atocheros hasta el Collado.







En el Collado nos reencontraremos brevemente con el asfalto hasta llegados a una nave desde donde, a la izquierda, parte una pista en decidido ascenso.



En menos de 1 kilómetro, ya hemos subido 120 mts. de altura. Tomando la pista alcanzamos pronto el collado Millarete donde abandonaremos esta en el lugar en que se encuentra una señal del PR, siguiendo la senda que parte a la derecha y descendiendo para introducirse definitivamente en el bosque. A la derecha podemos ver lo que queda de la tiná del Collado Miller.




Cuando llegamos a unos juncales, sabemos que estamos atravesando el barranco de la cueva del agua (por primera vez)





Ahora y hasta llegar al puntal de los Canteros el camino es un constante sube – llanea, solo interrumpido si salimos del mismo para asomarnos a las balconadas que la naturaleza nos regala.





Pasamos (sin percatarnos) por el Cenajo de las Goteras y, más allá, otro barranco, el de la Cerrá.




Una subidita para llegar al primero de los miradores al abismo: el Puntalón. Desde aquí ya comenzamos a divisar la amplia panorámica que nos va a acompañar durante toda la excursión. Al frente el puntal de Cabeza de la Mora



Al NW , aún lejos, el Calar de Cobo y su Puntal de la Misa





Abajo el valle donde asoman las aguas esmeraldas del embalse de Anchuricas y las aldeas y cortijadas de su ladera.






Un buen lugar para un “tentempié” mientras alegramos la mirada.








Solo es el inicio del encantamiento. Casi sin querer, otro puntal y el impresionante barranco del Pilón, donde dice Justo Robles que, en invierno, se forman una sucesión de impresionantes cascadas. Ahora tenemos que conformarnos con imaginarlas.







Desde aquí, la senda toma altura hasta llegar a un colladete donde arranca a nuestra derecha el segundo de los grandes miradores, el puntal de la Escalera.

Volvemos a la senda sabiendo que estamos pasando por encima de esos dos grandes ojos que el calar de la pililla tiene para mirar al Segura: las cuevas de los Anguijones. Sin dejar de subir, salimos del bosque de laricios para ver de lejos nuestro proximo objetivo: el Puntal de los Canteros.






En verdad que se sobrecoge el alma al asomarse a este tajo desde el que se divisa el gran valle del Segura.



Aquí me quedo. Decido definitivamente esperar a los que vienen por detrás y aprovechar para examinar pormenorizadamente la panorámica que tengo frente a mi. Me encuentro en el área triangular delimitada por tres vértices representados por el puntal de cabeza de la Mora al NE, el de la Misa al NW y el de la Pililla al SE. En esta área se concentra uno de los parajes más bellos de nuestra sierra de Segura, Cazorla y las Villas, y estoy allí, encima de ese maravillo puntal, contemplándola. Pienso por un momento la suerte que tengo y me gustaría compartir mi emoción con ese grupo formidable de gente que me ha facilitado estar aquí hoy.

Ya asoman por el bosque, se percibe la silueta inconfundible de Ángel, Sansón, acompañado de su inseparable pareja de bastones. Tras él la corte se “sensatos” que tranquilamente vienen disfrutando del panorama, se reconocen muchos por el color característico anaranjado de su uniformidad.




Al otro extremo del barranco de arroyo Cabrero desaparecen en un giro de la senda que desciende a La Toba el grupete de makinas con paso marcial algunos, medio renegando otros.


Frente a nosotros, entre los puntales de la Misa delatado por su blanca caseta y por los dientes de la vieja y el solitario de Cabeza de la Mora se adivinan en el horizonte el “portaviones”, Navalespino y, más elevado, a la derecha, el calar de la Sima.











Abajo, el coqueto embalse de las Anchuricas y numerosas aldeas y cortijadas ancladas al valle.




Arriba, sobre las aguas del Segura el puntal de las Buitreras inconfundible con sus antenas.






Toca retirada hacia Miller, tomamos las indicaciones del PR-A 100 y ascendemos dandole la espalda al puntal que nos ha acogido durante estos maravillosos minutos. Llevamos el mismo sentido que trajimos pero en dirección contraria y por encima del mismo. Transcurrimos de nuevo por el impresionante bosque de repoblación, salpicado de majestuosos laricios.





Apenas reparamos que ascendemos, la senda es admirable. Llegamos a un lugar donde se produce un cambio de vertiente, es el lugar donde debemos de girar a la derecha, sin senda definida para ascender al último bastión de la jornada: el puntal de la Pililla, asentado en extremo NE del calar, guardado e identificado por una vieja caseta de fogoneros abandonada desde hace años.




Desde allí, a todo lo descrito hay que añadir en la lejanía la inconfundible silueta de la Sagra granadina



más al norte, la sierra albaceteña, la de las Cabras. En la cercanía del horizonte Riverte, Jutia y los Macalones, allí donde me cuentan que está esa increíble raja, paso inverosímil a la cumbre: la Molata de los Almendros.



Breve paseo y oteo por el calar y bajamos a comer al bosque buscando la sombra.


Tras reponer fuerzas nos aproximamos a los tornajos de la Pilllla donde encontramos a algunos de los adelantados que han culminado su aventura por el calar.




Arriba, en el puntal que abandonamos momentos antes se asoma la figura de Sebas desafiando la gravedad.




De aquí, diligentemente, nos lanzamos a un vertiginoso descenso hacia el barranco de la cueva del agua que volvemos a cruzar (ahora por arriba) y en un santiamén estamos de nuevo en el collado de Miller.












Una coqueta fuente nos sirve de alivio para el calor que soportamos a estas horas.







Descendemos hacia las Escuelas ahora por la carretera disfrutando de las sombras, de las moras, de la abundante vegetación y del frescor de las acequias que nos acompañan.







El regreso lo realizamos con las correspondientes “estaciones de penitencia” en Santiago de la Espada, Pontones donde pertrecharnos del magnifico pan que aún amasan allí, y el Tranco, donde rematamos la faena y nos despedimos apropiadamente.

Casualmente fuimos testigos de un desagradable acontecimiento, el rescate de un accidentado en helicóptero que nos hizo reflexionar a todos sobre los riesgos y precauciones que debemos tomar en la sierra. Desear al desafortunado una pronta recuperación.






 
EL VÍDEO







DATOS TÉCNICOS

DenominaciónSIERRA DE SEGURA (JAÉN): MILLER - UMBRÍA DE LOS ANGUIJONES - PUNTAL DE LA PILILLA
Fecha24.09.2011
Localización
La ruta parte junto a las Escuelas de Miller para sobrevolar el cañón y valle del Segura. Más tarde ascenderemos al Puntal de la Pililla y regresaremos descendiendo por la vertiente del barranco de la cueva del agua. 
Acceso
Desde Santiago de la Espada, tomaremos la carretera de las Juntas. Llegado a este punto nos desviaremos en el cruce hacia Miller. Desde Hornos, ascenderemos por la garganta hasta las cumbres, descenderemos por río Madera girando a la derecha en el cruce pasado esta aldea. tras pasar por Venta Rampias y el embalse de Anchuricas llegaremos al mismo cuce que antes, ascendiendo a Miller igualmente. 
InicioEscuelas de Miller
FinEscuelas de Miller
Tipo de trayectoCircular
Tipo de firmePista / Senda/ Sin camino definido en el ascenso a la Pililla
EstaciónPrimavera/Otoño/Invierno / Verano
Distancia15,790 kmts
DificultadModerada
Tiempo estimado7 horas 
Cota mínima929 metros
Cota máxima1.660 metros
Sugerencias
Crema solar en verano. Estirar y calentar antes de iniciar la ascensión. Calzado adecuado. Puede haber agua en el barranco del Pilón y en los tornajos de la Pililla.
TracksWIKILOC
MovilCobertura Movistar en varios puntos de la ruta. Buena señal en torno al Puntal de la Pililla.
Mapa

BibliografíaRuta guiada por Quico y Seba del Club de Senderismo El Camino de Beas de Segura. (1) Excursiones en Cazorla y Segura. Juan Carlos García Gallego. Ed. Desnivel; (2) Valles del río Segura y Zumeta. Justo Robles. Ed. El Olivo; (3) Sierras de Cazorla, Segura y las Villas. Guia del excursionista. Enrique Martín Fernandez. Ed. La Serranía.































1 comentario:

Angel Rodriguez dijo...

Preciosa ruta Galenomam, la envidia que me dais, cualquier fin de semana me uno a vosotros, pero cuando refresque algo más