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DESPEÑAPERROS (JAÉN): UN TESORO EN EL CORAZÓN DE DESPEÑAPERROS


HUERTA DE JUAN SANTOS: UN TESORO EN EL CORAZÓN DE DESPEÑAPERROS



El día de los Inocentes era un buen día para quitarse de en medio. Así, quién evita la ocasión,...

Diseñé sobre el mapa una ruta circular sobre un trazado en gran parte inédito para mi. Suponía ascender desde Las Correderas (grupo de casas en ruina, antiguo núcleo de la Nuevas Poblaciones de Sierra Morena precozmente abandonado que más tarde se convertiría en Venta al pie del nuevo camino abierto por el desfiladero de Despeñaperros)





por una cansina pista durante seis kilómetros hasta el primer punto de interés, las ruinas del Castillo de Ferral




descender desde ese lugar por el camino del muradal (o muladar) pasando por lugares con evocadores topónimos a la gran batalla que por aquí se dio: el collado de las matanzas y el cerro de las calaveras.





Parece, según quienes han investigado el evento, que fue el lugar más al sur que alcanzaron las tropas cristianas en su primera intención del periplo que siguieron hacia la confrontación. Desde estos parajes y con la inestimable ayuda de aquél hombre de anónima identidad (al que años después se le bautizó como Martín Alhaja o Halaja) las tropas de Alfonso VIII y demás comitiva encontraron una vía alternativa que les marcó dicho personaje, enigmática figura de la historia, vulgar pordiosero para algunos y elevado a la categoría de San Isidro labrador, por otros.


Rodrigo Ximénez de Rada, arzobispo de Toledo, uno de los cuatro adalides cristianos,gracias al cual conocemos detalladamente los acontecimientos, nos refiere de esta manera la llegada providencial del pastor al que describe así en su De Rebus Hispaniae:


“…muy desaliñado en su ropa y persona, que tiempo atrás había guardado ganado en aquellas montañas y se había dedicado allí mismo a la caza de conejos y liebres




Bien, pues en este lugar comenzaba la aventura. Tenía varias posibilidades para completar el circular pero la incertidumbre no me abandonaba al ser la primera incursión por la zona. La indecisión estaba justificada pues sabia que, aún llegando próximo a la autovía, esta misma supone una barrera infranqueable, y también conocía la existencia de cercas por ese derrotero.

Miré a Trufa, no obstante, que me devolvió una ojeada complaciente lo que me decidió a lanzarnos por el pendiente cortafuegos que teníamos delante y que sabía era parte del camino que baja del puerto del muradal al arroyo del rey y no la pista que zigzaguea para encontrarse con este más adelante, justo en el punto donde nos introduciremos en ese tesoro existente en este parque natural: la huerta de Juan Santos y sus parajes.


Allí, donde acaba ese amplio cortafuegos que se ha apropiado del viejo camino medieval se desvía a la izquierda un camino que pronto se va encerrando descendiendo cómodamente junto al cauce de arroyos que solo ven su contenido tras la lluvia.





Pronto atisbamos la primera indicación de que la zona estuvo humanizada, un muro de pizarra (mientras que en la Sierra de Segura es característico el uso de la toba en la construcción, aquí la materia prima es la pizarra) que sirve de soporte a la curva del camino atravesado por un arroyo, con el fin de darle consistencia.



 


El lugar comienza a tornarse fantástico, la forestación deja atrás el pino de repoblación de las últimas décadas apareciendo bosque de ribera entremezclado con arbustos mediterráneos.











En una curva a la izquierda se aparece súbitamente la casa del paraje





con su horno aceptáblemente conservado





delante, un amplio espacio bien soleado para la época en la que nos encontramos a pesar de estar cercado por monte alto.





Se encuentra conformado en terrazas, donde se asentaron junto al arroyo del Vivero por un lado, único que encontramos con un aceptable caudal de agua, y el de Juan Santos por el otro, los ricos huertos que conformaron este vergel hundido en la confluencia de tres barrancos.








Estamos a dos kilómetros de la autovía, por donde transitan miles de personas diariamente y aquí parece que se ha detenido el tiempo para siempre.





Pero esto solo es el aperitivo, cuando sopeso las posibilidades de salir de allí sin tener que regresar por donde vine solo me queda una posibilidad, hacia delante por el curso del arroyo, ya sin sendero disfrutando de un recorrido no apto para los sentidos pues se ven desbordados por el encanto de esta “guinda” inesperada que, por si fuera poco, me lleva sin dificultad alguna al punto de inicio de esta agradable miniaventura.

Como estaba ansioso por compartirlo, aprovecho la primera ocasión y con la impagable compañía de Paco Luis, Martín y Juan Carlos y la necesaria presencia de Trufa repito ruta un mes después con alguna que otra pequeña variante o incursión preparatoria de nuevas correrías.



LA RUTA

Dado que en el corto plazo de un mes se ha repetido, haremos una de ambas matizando los detalles.


Partimos de las casas de Las Correderas, donde podemos dejar aparcado el vehículo.







Un grupo de casas ahora en ruina a uno y otro lado de la vía que da entrada a Andalucía desde Madrid. Aquello que fue un asentamiento fugaz de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena, acabó convirtiéndose en una Venta a pie de la carretera y, finalmente una Casa Forestal en la época de la reforestación. Tras la barrera, tomaremos la pista que parte a la derecha pues, la que viene de frente, será por la que regresaremos.






Sin pena ni gloria, discurrimos ganando altura junto al barranco del arroyo de los Arcos.











Caminados aproximadamente 2 kmts alcanzamos un colladete por el que la primera vez que pase me llamó la atención un senderillo que se dirigia hacia el barranco, lo segui unos metros y comprobé que se introducía en la cerrada que el arroyo de los Arcos labra para salir a su barranco








lo más significativo es que, posiblemente, este pueda ser un paso para acceder fácilmente al barranco de la Niebla, donde tenemos pendientes algunas historias.



Continuamos por nuestra pista hasta alcanzar la cota de los 900 mts donde se nos presenta enfrente y en la cercanía Castro Ferral





pero tendremos que perderlo casi de vista porque acceder a él supone bordear el barranco de la pedriza blanca





para abocarnos al cruce desde donde parte ese gran cortafuegos, autopista montera que culmina en los pies de las ruinas del Castillo de la Cuesta como lo denominaban quienes lo levantaron para controlar el camino del Muradal y todo su recorrido hasta el cerro de las Baterias (emplazamiento actual de Santa Elena). Transitamos por esta recta que ofrece una bella panorámica de la atalaya.








Llegar a este lugar no cansa, es más reconforta las preciosas vistas que nos ofrece de media provincia.

























Avituallamiento y emprendemos el camino pues el vientecillo no invita al descanso a pesar del espléndido día soleado. Olisqueamos por la explanada de la derecha del castillo intentando divisar la famosa Losa, bueno una de ellas pues hay más de una versión. No podemos divisarla a pesar de la altura porque el bosque está muy cerrado por el barranco





esto nos decide a bajar por el cortafuegos que tenemos delante y, en el lugar donde este se una de nuevo al camino del Muradal aventurarnos por el sendero que parte a la derecha y que suponemos nos bajará al arroyo de Navalquejigo donde, según las crónicas, los cristianos intentaron avituallarse de agua siendo disuadidos e interceptados por los agarenos. Efectivamente, en nada estamos en el cauce seco del arroyo





lo cruzamos y en la otra vertiente lo abandonamos justo donde comienza a subir para seguirlo paralelamente un tramo. Esta incursión nos lleva al inicio de una cerrada, la conocida como Cerrada del Castillo





actualmente practicable por la ausencia de caudal que terminará, probablemente, en un salto sobre el arroyo de Navavaca que desaguará en el arroyo del Rey allá por el pozo de María Pía. Nos conformamos con haber encontrado el acceso y dejamos para otro día desenmascarar el cauce completo ya que vamos con el tiempo casi medido.





Regresamos al camino del Muradal y seguimos en continuo descenso.





En este, identificamos dos collados que comunican los profundos barrancos, uno de ellos debe ser el conocido como collado de las matanzas aunque no nos atrevemos a decantarnos, intuimos que se trata del primero que atravesamos, más próximo al Castillo y a la cerrada. Más adelante, el camino llega como a una cornisa en el que comienza a descender el dirección S, nosotros tomaremos el cortafuegos que parte a la izquierda y que nos sube a la cima E del cerro de las Calaveras desde donde tenemos una maravillosa panorámica de la Sierra incluyendo el desfiladero de Despeñaperros.

















Arriba encontramos lo que fue una carbonera para hacer cisco o carbonilla a partir del producto de la poda de chaparros.





Tras disfrutar de la magnífica panorámica que nos ofrece este cerrete, nos lanzamos de nuevo por otro cortafuegos, enfrente disfrutamos de un bosquete de piñoneros y Santa Elena.




Allí donde el cortafuegos muere sobre el camino que abandonamos anteriormente sale a la izquierda un viejo caminito que nos lleva en apenas un kilómetro al centro de la confluencia de tres barrancos en el que se asienta una agradable planicie, estamos en la huerta de Juan Santos, una delicia.















Nos sorprende que el arroyo del Vivero que discurre frente a la casa corre un buen caudal de agua, más cuando no la hemos visto en todo el camino, por lo que intuimos que debe provenir de algún manantial. Nos atrevemos a ascender brevemente arroyo arriba hasta que llegamos a una pileta en el arroyo.











Seguir hacia arriba nos haría perder mucho tiempo por lo que también lo dejaremos para otro día. Ya de regreso a la huerta, dos ciervas salen a nuestro paso, ante la proximidad de Trufa que embiste cual podenco soliviantado levantan el trote por la ladera del barranco perdiéndose en el espesor del bosque.




Ya de nuevo en la explanada del bonito y recóndito huerto nos encaminamos por el curso del arroyo practicable casi en su totalidad por el poco caudal que circula que, no obstante, aporta un valor añadido al paseo. Transitamos junto a él durante dos kilómetros aproximadamente disfrutando de cada rincón, donde se entremezcla en el mediodía invernal la umbría musgosa con zonas agradablemente soleadas. Un gozo de colores y sonidos.







































Por fin, el barranco de abre y comprendemos que llegamos al final.







Efectivamente, en la lejanía divisamos el tráfico circulando por la autovía. Llegamos a un cercado cinegético en el que podemos entrar sin dificultad y salir por una puerta a una explanada, medio escorial resultante de las obras de la autovía. Debemos aquí tomar un camino que parte a nuestra izquierda en el que existe una cadena y, paralelos a la misma autovía pero por encima de esta, llegar al punto de inicio, las casas de las Correderas.












Preciosa ruta con una guinda final bella e inesperada, un auténtico tesoro a conservar en el mismo corazón de Despeñaperros.





EL VÍDEO






DATOS TÉCNICOS


Denominación
CORREDERAS - CASTRO FERRAL - HUERTA DE JUAN SANTOS
Fecha
28/12/2011 y 29/01/2012
Localización
Parque Natural de Despeñaperros
Acceso
Por la Autovía de Andalucía (A4), en dirección Andalucía,tras pasar el tunel existente,tendremos que desviarnos a la derecha junto al indicador que marca "Las Correderas" donde hay una explanada y podemos dejar el vehiculo.
Inicio
Las Correderas
Fin
Las Correderas
Tipo de trayecto
Circular
Tipo de firme
Pista/Sendero y sin él
Estación
Primavera/Otoño/Invierno
Distancia
16 kmts
Dificultad
Facil
Tiempo estimado
5 horas  30 minutos
Cota mínima
562 mts
Cota máxima
960 mts
Desnivel acumulado
Subiendo: 557 mts.    Bajando: 506 mts.
Perfil

Sugerencias
Llevar agua para el recorrido, solo puede casi al final del recorrido en la huerta de Juan Santos. Evitar las horas centrales del estio
Track
 WIKILOC (1ª)  WIKILOC (2ª)
Movil
Cobertura Movistar en bastantes puntos del recorrido.
Mapa
Bibliografía
Experiencia propia