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SIERRA MORENA (JAÉN): LA CAROLINA - SANTA ELENA. GR-48 5ª ETAPA

LA CAROLINA, EL CASTILLO DE LOS MOROS, LA MINA DE LA ROSA, EL PEÑÓN DEL ZAPATO, LA ALISEDA Y SANTA ELENA BONITA


No podía ser de otra manera, lo que bien comienza, bien acaba. La aventura de este GR-48 que comenzó derrapando hacía el Guadalquivir en Marmolejo allá por el mes de abril, que se enmendó en el Encinarejo tras visitar a la Morenita, ha finalizado serenamente recorriendo uno de los parajes más preciosistas, especialmente en otoño, de nuestra provincia: La Aliseda.

Me propuse transitar las diferentes etapas de este sendero cuando lo conocí. Particularmente me atraía la idea de adentrarme en una sierra casi desconocida para mi como es la parte iliturgitana de Sierra Morena donde el lince disputa a la naturaleza y al hombre su existencia. Llegar como peregrino al Santuario del Cabezo después de una paliza de kilómetros, pasando por lugares emblemáticos para los romeros tenía su emoción. Descender posteriormente al Guadalquivir por el Jabalí y el Encinarejo supuso admirar un paisaje granítico y avistar especies difíciles de encontrar en otros lugares, la cigüeña y el buitre negros. Lamentablemente no pude realizar la etapa de Baños de la Encina, pero esta no podía perdérmela, era mi pueblo, y transcurría por lugares entrañables de la infancia, lugares de juegos, excursiones, merendillas, celebraciones de San Marcos, ...


En realidad, haciendo un resumen rápido, esperaba más de este GR – 48 a su tránsito por la provincia de Jaén. No es que me haya defraudado, solo que esperaba que, en sus etapas intermedias y final, se embutiera por el interior, por la sierra dura; que desde los escoriales, camino de Baños, abandonara la tentativa turística y optara por la vía de la naturaleza, se encaminara directamente al Centenillo, pasando por Selladores (al fin y al cabo es una finca estatal) y visitara ese encantador enclave minero, que los senderistas conocieran las glorias y penas de un modo de vida ajeno a la sierra, al monte y que, cual islote del pacífico, se instaló en un plisplas en la nada. Fue la fiebre del oro plomo, igual que vino se fue pero más lentamente, en una agonía anunciada que duró varias décadas de años. Sin embargo, tuvo más tirón en el diseño final gran castillo, que al fin y al cabo siempre tendrá su publico. Por allí habría tenido más sentido que llegara a La Carolina, atravesando Los Guindos, Vista Alegre, Federico, el Sinapismo, bajar a La Aquisgrana y tomar el camino que seguimos en la última etapa, eso es Sierra Morena, no la dehesa de Guarroman, Carboneros y La Carolina. Pero, el turismo es el turismo.

Por otro lado, no comprendo como el final de un sendero que viene nada menos que de Portugal, no sea capaz de morir donde tiene que morir, allá por sus estribaciones, casi mirando a la Sierra de Segura, allí por el embalse del Guadalmena. Se han quedado fuera parajes de sierra Morena de bella factura: Despeñaperros y su celebre batalla de las Navas de Tolosa, la cuerda hasta Aldeaquemada, la Cimbrara, el embalse del Dañador, las Nuevas Poblaciones de Montizón, Aldeahermosa,..
Será cuestión de trazar los caminos, marcarlos y proponer su inclusión.

Esta última etapa del GR-48 trascurre por unos lugares emblemáticos. Al inicio, la productiva mina de la Rosa con el torreón del aguila vigilante, conocido por la zona con el sencillo nombre de castillo de los moros, o castillo de las Navas de Tolosa






Dejamos la dehesa para introducirnos poco a poco en un paisaje de roquedos graníticos donde el más representativo y vistoso es el peñón del zapato oteando el transito por la carretera de la Aliseda






y llegar casi sin sentir a ese paraje donde antaño se buscó cura para lo incurable y descanso y relax para algunos que podían permitírselo, allí en un pasado no muy lejano hubo un gran
Balneario con sus fuentes, su hotel , ...





En la Aliseda, y otras zonas de esa sierra, se encuentra un admirable castañar que desde hace 20 años se está perdiendo. Afortunadamente en esta visita hemos comprobado que muchos de ellos están rebrotando devolviendo al lugar su característica estampa.





Finalmente llegamos a Santa Elena, esa bonita localidad, balcón sobre Despeñaperros, puerta de Andalucía y entrada a Sierra Morena.



fotografía gentileza de Linares Digital




LA RUTA

Pusieron un poste de esos indicativos de final e inicio de etapa justo a la entrada de La Carolina, allí donde el Hotel La Perdiz y La Gran Parada dan la bienvenida al viajero. Poca gente recuerda que hace años la historia era otra. La Gran Parada se llamaba Las Perdices, pero llegó el poderoso y acuñó el nombre.






De allí mismo parto, del mismo lugar al que se llega procedente de Baños de la Encina, sobre la antigua nacional IV, paso junto al monumento que hicieron a la batalla de las Navas de Tolosa donde destaca en el grupo arquitectónico Martin Alhaja o Halaja, el pastor sobre el que la historia no se pone de acuerdo y que parece que indicó el camino a las tropas cristianas para evitar la emboscada almohade.





Rozo después el paseo de la Inmaculada Concepción (de la Virgen) y giro al final del mismo a la izquierda para cruzar el polígono industrial por entre naves, algunas a pleno rendimiento, vacias y abandonadas otras. Esta larga recta desemboca en el antiguo camino a la Aquisgrana, importante complejo minero sobre el que se proyecto un ferrocarril que nunca llegó a transitar. Los puentes se quedaron a medias, con los pilares si unir, tanto este como el del Renegadero, pero el trazado con sus trincheras y apeaderos están ahí, testigos de lo que quiso ser y no fue.






Tomo el camino ahora asfaltado, tras un corto repecho donde han puesto un huerto solar, paradigma del futuro, junto a una vaquería vestigio del pasado, comienzo un continuado descenso desde el cual se me abre la imagen que tengo grabada en la memoria, que puedo recordar fácilmente sin necesidad de estar allí porque he estado tantas veces que podría enumerar cada parte en cualquier momento. A la derecha, lo primero que llama la atención es la chimenea del castillo, que saluda altiva a quién se adentra en Andalucía procedente de la meseta. A la izquierda de esta ese resalte rocoso que dicen fue un torreón de observación y vigilancia árabe, continuidad de Castro Ferral, el Torreón del Aguila, aunque para nosotros siempre fue el Castillo de los Moros, lugar de correrías infantiles, de cuando entre chiquillos se difundía el rumor de que estaba comunicado mediante un pasadizo con el Palacio del Intendente Olavide. Abajo, las ruinas de un pasado prospero, la mina de la Rosa, emporio minero que sucumbió a mediados del siglo anterior tras exprimir sus entrañas.






Está amaneciendo, las reses buscan que los primeros rayos solares les calienten el lomo.





Llego a la puerta donde el camino penetra en la dehesa. No tengo mucho que esperar, enseguida llega el autobús que trae de Santa Elena a los compañeros que seguiremos el camino. Distingo a Juan Carlos en la delantera, y Martín también desciende.






Saludos, atendemos a recibir las explicaciones de los monitores y alguien me llama, ¡je! Hacía una semana que no nos veíamos, nos conocimos allí en Cazorla, tomando un café, con prisas, yo me iba a buscar un pino, y él, Vazquez, se iba en busca de los Templarios. Junto a algunos compañeros del club La Pandera, se disponían a cerrar este GR con alguna variante que, casualmente, hice tiempo atrás. Conversamos, era lo mejor que podíamos hacer en un lugar como aquél. Fue un placer disfrutar de su compañía.






El cerro Luna nos vigilaba cauto guardando su tesoro en forma de oro liquido, este aceite es una delicia.






Al fondo, a poniente, el cerro Guindo y su hermano el Padre Santo.






Comenzamos a caminar con la incertidumbre de encontrar ganado a nuestro paso, yo los vi arriba, tomando los primeros rayos del día. Tras bajar al arroyo pasamos junto a un apeadero aún en pie, con su eucalipto. Ascendemos un fuerte repecho y estamos frente a la Rosa, allí nos cuentan la importancia de este enclave y la trascendencia que tuvo para la comarca





encima nuestro Castillo, atalaya de juegos, destino de guerras ficticias.




Nos alejamos de la mina circulando paralelos al castillo, por abajo, entre dos cercas que nos protegen de los “mihuras” de Orellana Perdiz

El camino nos lleva a las puertas de este complejo hotelero y ganadero que se ganó la fama gracias a su perdiz escabechada .


Desde allí, tocando la autovía de andalucía, giramos de nuevo hacia el interior, rumbo N pasando por unos establos y corrales de caballos los cuales, ante nuestra presencia, se inician en carreras y polvoredas, relinchos y agitación, no se si por desasosiego o por alegría.









Remontamos una vaguada cubierta de pinar de repoblación y nos plantamos en la carretera que se dirige a la Aliseda y Santa Elena. Evitamos el asfalto en algunos tramos pero es necesario continuar pisándolo ante las cercas que a uno y otro lado impiden una alternativa más natural. En una curva, se aparece súbitamente esa roca granítica, equilibrada perfectamente sobre otra con la forma inconfundible de un zueco, nuestro peñón del zapato vigila estrechamente al viandante como si pidiera peaje al paso.




Por allí, a la izquierda, sobre la loma nos queda la mina del Melocotón, del grupo de la Rosa y del Castillo. Caminando tediosamente, aliviado por la conversación de los compañeros llegamos, por fin, al primer puente de piedra. Estamos en la Aliseda.





Justo allí, abandonamos el asfalto y tomamos una bella sendica que nos conducirá junto al río de La Campana placidamente por entre una densa vegetación de ribera, alisos, fresnos, avellanos, chopos, engrandecida por el otoño con sus intensos contrastes hasta el área recreativa donde hacemos estación de parada y fonda para descansar (¿...?) y reponer energías.




























Antes de llegar, al otro lado del río apreciamos las ruinas de lo que fue en su momento, siglo XIX y primer cuarto del siglo XX uno de los más afamados balnearios del país.


















Sus aguas azoadas eran especialmente recomendadas para los problemas respiratorios: Tisis, asma, pleuresía, ... buscaban remedio en estos lugares.

Poetas románticos en los que la tisis hacía estragos conocían muy bien La Aliseda.

Mariano José de Larra se refería a esta


“La Aliseda,
hay que sentirla y gozarla,
y no hay quién pueda pintarla,
ni quién describirla pueda”


El padre Lerchundi , también se refirió en los siguientes términos:

“¡Bendito sea Diós,
que ha concedido a la Aliseda
medios de curación para los enfermos
y paz para el espíritu!”


La Aliseda fue un auténtico sanatorio recomendado fervientemente por los hidrólogos médicos de la época

“Siempre que visito estos manantiales, ciertamente no con tanta frecuencia como deseara, recibo las mismas gratas impresiones como médico y como tourista, y he tenido siempre singular complacencia, en comunicarlas y difundirlas, creyendo así, por otra parte, hacer un bien a los muchos que pudieran reportar beneficios de sus aguas”. (Ramón Gómez Torres)



Tras recargar energías y pasear por la amplia llanura del área recreativa, emprendemos de nuevo camino tomando el antiguo que subía a Santa Elena. Aquí se perdieron nuestros amigos de La Pandera ascendiendo por la vía romana, paralelos al rio de La Campana camino de Miranda del Rey.
Cual es mi sorpresa que al poco de su inicio encontramos una puerta metálica y una valla que nos obliga a tomar un cortafuegos paralelo a la finca que queda en el interior ¿De nuevo un camino viejo y tradicional usurpado por particulares?...





Los cuatro kilómetros que nos quedan los completamos por este cortafuegos, auténtico subeybaja que nada tiene que ver con el cómodo trazado del viejo camino, para eso lo hicieron. Por fin, pasando por la puerta del Chozo de los amigos Garrido nos plantamos en Santa Elena, final de etapa y de sendero.






Esperabamos recepción por la banda municipal, traca y fuegos artificiales para celebrar la primera promoción en recorrer el sendero. Tuvimos que conformarnos con el amble regalo de la organización de una bonita camiseta alusiva al GR y una practica vara de caminante. Lo demás, los tercios fresquitos fueron deferencia de Juan Carlos que para eso estábamos en sus dominios por consorte.



EL VIDEO






DATOS TÉCNICOS

DenominaciónSIERRA MORENA (JAÉN): LA CAROLINA - SANTA ELENA. GR-48 5ª ETAPA
Fecha23.10.2011
Localización
La ruta parte de un poste alusivo que han colocado a la entrada de La Carolina por la Avenida de Vilches, junto al Hotel Restaurante La Gran Parada. Sale del casco urbano por el camino de la Aquisgrana y se dirige, rozando ela mina de la Rosa y el Torreón del Aguila a la carretera de La Aliseda, siguiendo por su trazado hasta el primer puente de piedra donde se introduce en el paraje de La Aliseda y al final del mismo tomar el camino a Santa Elena donde finaliza esta etapa.
Acceso
Desde la A-4 tomar la salida La Carolina centro que nos llevará en 100 metros al punto de inicio.
InicioLa Carolina (junto al Restaurante La Gran Parada)
FinSanta Elena.
Tipo de trayectoLineal
Tipo de firmePista / Senda/ Carretera
EstaciónPrimavera/Otoño/Invierno
Distancia15,41 kmts
DificultadFácil
Tiempo estimado5 horas 
Cota mínima527 metros
Cota máxima766 metros
Sugerencias
Calzado adecuado. En la primera parte, cuando cruzamos la puerta que hay en el camino a la Aquisgrana, podemos encontrar ganado bravo. Agua en la Aliseda.
TracksWIKILOC
MovilCobertura Movistar en varios puntos de la ruta. 
Mapa


Bibliografía
Web del Gr-48 . Memoria de las aguas minero-medicinales de La Aliseda



1 comentario:

Juan Carlos Gutiérrez López dijo...

Hola,en esta ruta coincidimos,me he visto en una foto de espaldas,yo creo que tengo algo puesto de esta ruta.Saludos.