Hace tiempo, camino a Prao Maguillo, llamó mi atención una loma que impedía catar visualmente mi destino en aquél momento, el calar de Cobos; loma uniforme, más elevada en el centro y aparentemente accesible desde el valle..., pero entonces quedó para mejor momento ensombrecida por el coloso altiplano segureño desde donde casi todo puede tocarse. Como todo tiene su día, esa loma, guardada en el compartimiento de pendientes de mi mochila, esperaba su momento.
La llamada del amigo del pelo blanco pudo más que el sentido común. Tocaba a rebato. Reencuentro y alboroto iban unidos de la mano.
Y digo lo del sentido común, porque en esto que me vi apagando el despertador a las cuatro de la madrugada, hora mas de trasnoche que de madrugar. Y digo lo de que tocaba a rebato porque el personal estaba muy castigado por las recientes, continuadas y benditas lluvias, pues mientras los “frescales” se han ido casi de rositas, los de los “findes” hemos sufrido una duro castigo. Finalmente, lo del alboroto porque conociendo ya como va uno conociendo al personal, el día y la concurrencia preludiaban sendas divergentes, y no por disidencia propiamente dicha, sino porque los ritmos de la ruta daba para ello.
Madrugón y tres horas de viaje tenían que compensar. Y ¡demonios! que así fue.
El transito del valle del Segura, donde este queda frenado en su ímpetu por el embalse de las Anchuricas, al valle de los Anchos, centro e icono humanizado de lo más profundo de esta sierra de Segura, bonito donde los haya, fue una de las grandes recompensas del día. Pero dio para más, mucho más, la subida y paso por otra joya de la prolifera arquitectura serrana, el tranco o paso de la Viga, el cresteo (unos más que otros) por la cuerda del Mosco (¡que bien situada está!), el encuentro breve pero interesante y prometedor allí en las alturas con dos admirados “foreros”, aljabel y matterhorn “troupe” incluida, la bajada por una antigua y perdida senda que aprovechaba otro portillo de esta emergente cuerda, las ruinas de los cortijos de las Fresnedillas (otras más) en un paraje encantador, fruto probable de esos “tóxicos vegetales” que abundan ahora tanto en nuestra sierras, las interminables panorámicas, una aldea de ensueño con el agua como protagonista, bromas, risas, planes futuros, labraron una jornada para el recuerdo. Salieron tres rutas diferentes de un planteamiento inicial, una de ellas con dos variantes y ninguna defraudó.
Agradecer a los anteriormente mencionados, grandes conocedores de esta profunda Segura, Matterhorn y Aljabel, por la deferencia de salir a nuestro encuentro y las brillantes explicaciones que nos dieron de este PEDAZO de Sierra. Al segundo, sumar otra felicitación por la formidable señalización con hitos de la senda de bajada, de muy fácil pérdida sin esta ayuda.
LA RUTA
Temprano madrugó la madrugada
Temprano está rodando por el suelo,...
Esto fue lo que me vino a la cabeza cuando arrancaba el coche.
EL VÍDEO
DATOS TÉCNICOS
Temprano madrugó la madrugada
Temprano está rodando por el suelo,...
Esto fue lo que me vino a la cabeza cuando arrancaba el coche.
Después pensé en el topónimo de donde nos dirigíamos, no puedo remediarlo, es una de mis debilidades: ¡MOSCO!. ¿Se referirá al díptero molesto que cuando nos “engancha” cansinea hasta conseguir que verbalicemos lo prohibido? ¿o será uno de esos topónimos serranos indescifrable?
Vimos los albores llegando a Hornos donde hicimos escala para abastecernos de ricas tortas recién horneadas. La Garganta la subimos con el día asomado. Encumbramos y tomamos camino de río Madera que nos llevaría en busca de su mayor, el Segura allí por Huelga Utrera. Estábamos cerca, la Toba, las Casicas y primera a la izquierda hasta la Fuente del Esparto. La mañana caía a plomo sobre nuestra cumbre. Echamos a andar con frío que pronto cesaría con el primer esfuerzo.
El valle donde el barranco de Borbúa abre al cañón del Segura es un mosaico de cortijadas, tan orgullosas de sí mismas que en muy poca distancia cada una guarda su sello. A Fuente del Esparto, la mayor en dimensiones, hay que sumar frente a nosotros a Los Pericolos. Barranco arriba Los Galdones y aún quedan Los Paulinos. Así, esta primera parte del camino se hace amena.
En este privilegiado lugar, al amparo de los Dientes de la Vieja que se descuelgan del calar de Cobos hacia las Anchuricas, abandonaremos la pista que traíamos para comenzar a ascender de verdad por una senda bien cuidada y desbrozada.
Dientes de la vieja
Caseta de fogoneros del Puntal de la Misa
el del pelo blanco, bajo la dentadura...
Conforme ganamos altura da la impresión de que la senda morirá en alguno de esos paredones que caen frente a nosotros, pero ahí está, una impresionante horma de piedra seca se eleva para acunar el camino que nos llevará por el paso de la viga salvando un portentoso tranco.
Otro ingenio serrano que zigzaguea para dejarnos muy cómodamente en la meseta antesala de Poyo Gavilán.
subiendo el tranco de la Viga
Conforme asomamos pausadamente se escapa un ¡guauuuuuuuuuuuuuuuuu!!!!!!!!!!!!!!!!!!
De los que te dejan con la boca abierta hasta que el Mosco te hace recapacitar. Primero su Majestad el Yelmo por su cara de levante, la más corpulenta, y al bajar la mirada el valle de los Anchos, un edén que ellos supieron elegir bien para vivir, seguro que inviernos duros conocieron pero también primaveras indescriptibles como la que ya tuvimos oportunidad de admirar en su momento (ver enlace).
El Yelmo
valle de los Anchos
Prao Maguillo
Los Anchos
El momento daba para exclamar ¡Dr. Livingstone! ¿supongo? Los foreros Matterhorn y Aljabel nos esperaban en este suntuoso púlpito serrano donde tuvimos la fortuna de conocerlos y saludarlos personalmente. No eran las cataratas Victoria, pero no importaba, el lugar no desmerecía.
Tras conversar, decidimos alcanzar la cima de esta misteriosa cuerda del Mosco, Poyo Alto se mostraba accesible y con las indicaciones de quienes conocen bien la zona allá nos fuimos.
Poyo Alto. Cuerda del Mosco
Los de cabeza buscaron rápidamente la cuerda, los de la cola llaneamos por la ladera para ascender posteriormente directos al cerro. La trocha al picacho tuvo su cosa, sobre todo una buena rampa final. Pero de verdad que mereció la pena. Inmediatamente Pepe Cabrera nos construyó la panorámica de 360 º. Los calares segureños nos invitaban cortésmente a una visita. Cobos con su Puntal de la Misa, el calar del Pino, el calar de Gila con su piedra Dionisia, el calar de la Pililla con su Majalón y su puntal de grato recuerdo, el de la Hoya de Herreros con esos impresionantes cortados que bajan desde las Buitreras a la Toba. Más lejanos pero perfectamente distinguibles aunque el día no daba para mucho, el Espino, Navalperal, la Sima con su cerrico Mentiras en lo alto y difuminado por la bruma ese delatador de Siles, Cambrón.
Calar de Cobos: puntal de la Misa y dientes de vieja
Yelmo
Al fondo la Sagra. En primer término el Calar del Pino
Calar de la Pililla: Majalón y puntal de la Pililla
Valle de los Anchos
Poyo Alto
Embalse de Anchuricas. La Toba. Arriba el Puntal de las Buitreras
Calar del Pino
Después de henchirnos los sentidos decidimos tomar los derroteros de los que nos precedían aunque en lugar de realizar la cuerda entera hasta el calar del pino buscaríamos una senda perdida que nuestros anfitriones nos indicaron para bajar a las Fresnedillas. Y vaya que dimos con ella, cresteando desde Poyo Alto tuvimos que “enmatojarnos" un poco en bajada para darnos de bruces con el camino serrano, probablemente comunicaba la cortijada de Arroyo Blanquillo con nuestro destino próximo, las Fresnedillas.
Siguiendo fácilmente los hitos colocados recientemente por Aljabel realizamos un descenso inimaginable. Cierto que la senda está en algunos lugares perdida por la vegetación y sucia de piedra pero no es difícil seguirla. A medio camino decidimos parar a comer junto a unas piedras que nos invitaban al descanso y que seguro que sirvieron para el mismo fin a muchos que pasaron por aquí, ello a tenor del hermoso resiego existente junto a ellas.
Las ruinas de los cortijos de las Fresnedillas nos saludaron la tarde.
Allí, en la puerta de uno de ellos un vestigio de su vida, un cabecero de cama que seguro tiene recuerdos de idas y venidas al mundo, dolor, amor, ...
Guardan estos cortijos un bosquete subyugante, los clarisombras de la tarde fascinan, mirando a uno y otro lados presientes que una cohorte de gnomos saldrá súbitamente al encuentro para increpar a los recolectores de setas.
En esto que nos topamos con el espectáculo del día, a decir del amigo JJ Frías un corro de Brujas de Lepista paneolus. Si ya decía yo que notaba una presencia inquietante... Precioso espectáculo.
Una última mirada atrás nos da la perspectiva de la bajada.
Atravesando los antiguos huertos ganamos la pista que cómodamente nos acerca a nuestro destino final, de nuevo Fuente del Esparto.
EL VÍDEO
DATOS TÉCNICOS
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